miércoles, 17 de agosto de 2016

Humos en las Sombras

La mujer de los parques vacíos
Me susurra que vaya con ella,
Que me pierda en la noche
Siguiendo sus pasos.

Detrás de los árboles se oculta.
Sus pianos y sus flautas me llevan,
Me atraen. 
Corre y se oculta,
Y yo persigo su sombra, 
Como el humo a la ciudad
Cuando se desmorona.






viernes, 6 de mayo de 2016

Mentiras

Que no queda nada, nada más. Eso dicen. ¿Por qué lo dicen? Se cagan las pelotas cuando lo repiten. Una mentira repetida mil veces. Hasta la gente la cree y tal. Como si fuera una frase de cajón, de esas certeras que dicen las abuelas que lo cohíben a uno de apostar los huevos y que resultan en viles patrañas. Yo no me dejo meter los dedos en la boca. No soy de esos que creen que dios hizo el universo y tal. Sólo creo en paradojas y en el oxímoron. Obras de arte, sí. Grandes retos para desperdiciar nuestras vidas pensando y pensando. Prefiero apostar el pensamiento que vivir ligado a una mentira. No quiero ser de esos esclavos que viven en cavernas que sólo creen que existen las sombras. Qué mayor miedo que ese. Por eso arden los ojos cuando se mira al sol por primera vez. La verdad duele, sí, pero no espanta. Es de esos puñales que gustan, porque rasgan las entrañas pero liberan el veneno que fluía en las venas. No soy supersticioso, pero sí dudo. Dudo de las causalidades y de las coincidencias. A pesar del pensamiento, siempre existe la magia que me dice que hay algo más.

sábado, 19 de marzo de 2016

Multiverso

Yo, casa sola, hogar vacío. No sé por qué sigo apostando. Quizás ya perdí. Quizás mis sentimientos quebraron. Pienso que los dados están truchos, las cartas repetidas. No puedo contar, no puedo calcular. Sólo puedo lanzarme al vacío a ver si la alcanzo, a ver si doblo la apuesta. Diez de la noche. Los tragos son caros, las nenas vacías y los relojes de oro. Toda una fantasía. Mesas verdes, trajes elegantes, zapatos bien lustrados. Sólo escucho voces, sólo verborrea. 2 a 1, la casa siempre gana, huir o arriesgar. "Nunca toques las cartas", dicen, "no son mujeres". Muevo el techo corredizo. Voy de mesa en mesa aprendiendo. Veo viejos verdes que le apuestan las prendas a las dealers. Calvos majaderos, perros nauseabundos. "Ajá, y ¿cómo es que consiguen ganar?". Se meten la mano al bolsillo y sacan el engorroso fajo. Le apuestan a obtener la misma como si eso fuera posible. Como si pudieran dividir el tiempo en dos, como si pudieran ver detrás de las uñas. Traigo una mesa, el cenicero y la música... Pero, también pierden. También son humanos, humanos como yo. Ellos tienen el fajo y yo el olfato. Yo puedo decirles cómo ganar. Pero se atreven a perderlo casi todo hasta el golpe de suerte. Yo no puedo con eso. Yo no soy de esos lucky-guys que son de la capital y visten de negro. Quisiera vestir de negro. Quisiera apostar el llanto de esta soledad. La música. Les pregunto que qué tal, que cómo va ese juego. Me escuchan, no me miran. Claro, qué van a mirar a este culicagado. Cómo si un cagón como yo les enseñara qué es el 21 y cuál es a muerte. Ellos saben, no son brutos. Ellos también son esteparios, lobos solitarios.  Me siento en la mesedora, saco fuego y enciendo un magarro. Me lanzo a la mesa. "Deme, venga". Primera: seis rojo. Segunda: tres negro. Pido una más, obviamente. Tercera: "cinco rojo". Mierda, aún me falta. Golpeo con los dedos la mesa. Cuarta: "ocho negro". Me fui. No sé por qué sigo apostando. Ya no tengo nada. Ya perdí el juego. Lo acompaño con cerveza y con eterna soledad. ¿Quinta?

Mundos

De nuevo estoy meditándolo todo. Ahí estoy sobre la cama con melancolía de medianoche. Los ecos del pasado y el futuro impiden que concilie el sueño. Puedo inventar lo que sea que destruya el sueño. Prefiero divagar en esos mundos que salir de ellos. Hay placer y dolor en inventar. Es el gusto por clavarse puñales donde más duele. La claustrofobia es el dolor. Ahí me encuentro en un irremediable conflicto entre odio y deseo que soy incapaz de controlar. De cierto modo, no puedo evitar que aquellos misterios surjan, pues mi naturaleza los recrea. Mas todos ellos provienen de una causa real, de ella. Siempre una mujer particular. De ella siempre nacen aquellos saudades que me inundan de una profunda nostalgia cuando me abstraigo en paraísos inexistentes. Pero, tampoco puedo controlar la causa. Más todavía si hay un vínculo que nos une; una inevitable necesidad de encontrarnos y actuar como si nada… Como si nada hubiera pasado. Allí queda un pasado que nos marcó, para bien o mal. Allí se mantiene encerrado en nuestras posiciones. Yo me abstengo, pues el vínculo puede volverse incómodo. Ella… No lo sé. En esta situación no puedo dejar de inventar e inventar.

Aquel y Yo

Tuvo que sentir el horror de haberse dado cuenta tarde del pecado que había cometido. Pensaba que todo hasta ahora había sido pura casualidad. Así que trató de negarlo todo hasta darse cuenta de su argumento vacío con rabia e ira. “Es que duele caer en la trampa”, decía. Pero en realidad no era una trampa. Lo sabía muy en el fondo. Sabe que tuvo en parte la culpa y que la indiferencia no lo salva. Fue aterrador saber cómo la gente lo miraba, abanicando sus cabezas con un gesto de reprobación. “¿Cómo pudo ser que hiciera esto?”, decían. Sus caras parecían como si hubieran presenciado algo de no creer, impensable. Y es que decían muy en serio, en secreto, lo repugnante que había sido la tardanza. “Hasta un ciego lo hubiera visto antes”, se murmuraba. Ahora aparece con cara de “yo no fui” y perdido. Estaba perdido en lo que nadie desearía jamás perderse. Él también se reprobaba, sí, hacía los mismos ademanes y todo. Se observaba diciendo “¿cómo gran putas pudiste?”. Ya parecía uno de ellos, uno de sus detractores. “Sinvergüenza”, “güevón”, decía. Y es que cómo es que alguien es así… Así tan él, tan inocente y majadero, un insensible consciente. ¿Cómo fue que pasó? De verdad parece de no creer. Es como para hacer una historia y contarla de bar en bar a ver si hasta a los borrachos les parece ficción o qué. Él lo sabe y eso es el origen de la cólera. Una indiferencia eterna hubiera sido decepcionante pero nunca repugnante. Pues de ignorancia se vive y se mastica. Se muerde el polvo de la mentira como la manzana más podrida. Pero ni se siente, solo vive. Ahora no paro de observarlo a ver con qué sale, esperando que de algún modo le valga mierda y olvide. Así de fácil sería girar la cabeza y olvidar esas voces, esos rostros de abanico. Ya hasta un coro de recriminación debe de oír en su cabeza. A veces esas voces aniquilan. A veces uno escucha un imbécil que lo sermonea en los sueños y habla de uno en tertulias. A veces uno las escucha cuando se mira en el espejo.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Belleza


Que yo sólo quiero tu sonrisa.
Nada más.
No quiero mentir.
Cada fantasía es sólo tuya,
Profundamente tuya.
Más que mía,
Tuyo es el mundo.
Ese que se elogia por crearte,
Porque sabe que eres belleza,
La excepción de todas las reglas.

Que me llames Juan.
¡Sí que lo soy!
Y soy profundamente tuyo,
Porque sé que eres belleza,
Juan es tu mundo
Y tú mi nombre.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

En Esta Tarde

Solo en esta tarde,
Cuando las miradas febriles se apagan
Y las nubes devoran el azul con algodón,
Mi sien maquina tus grises recuerdos.

En la soledad de un parque oscuro,
Cuyo derredor pudre las miradas cabizbajas,
Me enfrento a las taciturnas luces
Que acompañan el gris retrato.

Yo me siento,
Solo en la banca,
A mirar de reojo las gotas caer,
A preguntarme de una puta vez
Qué se siente morir.

Una a una caen sobre mí
Y mi resfrío no detiene el candente sofoco
Del vapor que rompe con el frío.

Lentamente mi vista cae hacia el suelo
Y yo con ella
Y conmigo el gris que cubrió el cielo.

La peste me carcome
Y nadie me salva.

Los caminantes corren por librarse de un muerto
Como si les pesara en la conciencia.
  
El mundo se va
Y yo sin él
Y él seguirá siendo el mismo sin mí.
Solo quedo yo y gotas de lluvia.

Solo en el despertar
Veo lo que fue un mal viaje.
Lo que fue opaco y pálido
Ahora tiene tu perfume y tu calor.
Solo en tus manos confío
Para que me saquen del letargo
Y me envuelvan en tu seno.
Susúrrame al oído que solo no estoy
Y que a mi lado estarás.